Pigmeos C.F.

Aboyo-Paul, conocido por todos como ¨Mandero¨, apoya su leve figura encorvada sobre una cachaba, versión selvática. De pómulos prominentes, pelo ensortijado y manos como tenazas, ¨Mandero¨parece ausente. Fuma con parsimonia, fijando la mirada en el infinito. Quizás rememore los buenos tiempos, aquellos en los que salía a cazar con un rudimentario arco tras corretear, descalzo, por las insondables trochas de cerca del río Sangha, en pleno corazón de las tinieblas.

Acaso, su pensamiento haya retrocedido a su tierna infancia cuando, acompañado por otros pigmeos como él, se encaramaba a los árboles a la búsqueda de miel. Cualquier tiempo siempre pudo ser mejor. Pero no. ¨Mandero¨ no está para retrospectivas. Frente a sus ojos inyectados en sangre, la vida palpita. En un pedazo de tierra yerma, enclavado entre frondosos árboles, una cuadrilla de estilizados muchachos, ¨los chicos¨, trotan con las pulsaciones al máximo, bajo un sol de justicia y detrás de un artilugio que se adivina como una pelota. Ya se sabe, jugar al fútbol en plena canícula en África está reservado sólo a los autóctonos. Y más en este recoveco de la República del Congo de nombre Pokola. Un pueblucho que respira por y para una importante empresa maderera, a la orilla del imponente río Sangha y a casi mil kilómetros de la lejana (y ajena) capital Brazzaville.

Para el forastero , impregnado de concentraciones balompédicas, rendimiento deportivo y otros conceptos que aquí carecen de sentido, el espectáculo, poco (o nada) se asemeja a un entrenamiento. Craso error. A las órdenes de ¨Mandero¨, los chavales se ejercitan para un nuevo partido de la liga regular de la zona. Aunque todos ellos pertenecen al grupo de los pigmeos (conocidos por ser cazadores-recolectores de baja estatura y habitantes de las selvas ecuatorianas de África), la cuadrilla se hace llamar, no sin solemnidad, Brésil. Sí, como suena, la misma bandera que en su día arropó a Zico, Sócrates o Pelé y que ahora lo hace por Alves o Neymar. La pregunta, por tanto, es obligada a nuestro amigo ¨Mandero¨.¿ Por qué? . El tipo, a través de un traductor, apenas emite un sonido gutural: ¨Es que son los mejores¨. Cuesta creer que este equipo, que viste de riguroso negro y cuyos deportistas corren como pollos descabezados por el irregular patatal (¿estadio?), pueda compararse a una de las mejores selecciones de la historia. Nuevo error. Brésil o Pigmeos C.F. como nos atrevemos ya a bautizarle, no sólo es la escuadra más sólida de los confines salvajes de los alrededores, sino que siempre, y digo siempre, ganan por 3 a 1.

La incredulidad se mezcla con la curiosidad hasta indagar en el origen del éxito. Sí, es cierto, Dambo Dominique es un atlético delantero con un buen zapatazo y con la portería entre ceja y ceja. Tampoco la toca mal un tal Eboukou-Chislain que, haciendo un esfuerzo mayúsculo, podríamos colocarlo como mediocentro. Y qué decir de Riba-Salomon, un verdadero perro de presa, de pulmones inabarcables, que choca, choca y choca como un tren de cercanías. No, no, no, debe haber algo más. Aunque ¨Mandero¨insiste que ¨jugamos como Francia, ya sabes, Zidane, Papin, Benzema….¨(sic)¨, el secreto debe ser otro. ¡Bingo!. Al final, ¨Mandero¨, que mantiene apagada la colilla en su boca, mira de soslayo y suelta: ¨Ganamos porque somos buenos y tenemos una ayudita….¨. La confesión no tiene desperdicio. Según explica con detenimiento, una chamán pigmea ha confeccionado un fetiche con cada uno de los equipos a los que se enfrenta Brésil (Pigmeos C.F. para los amigos). Al aplicarle los consabidos pinchazos antes de los respectivos encuentros, los contrarios se desmoronan. A veces, tal y como afirman varios jugadores consultados, la pelota describe un arco imposible para evitar la portería. Otras, las más, al enemigo se le doblan las piernas ante un gol cantado. Las desgracias ajenas, por el contrario, se transforma en fortuna para este conjunto de estatura moderada y pies descalzos. Aplicando métodos más prusianos, Brésil adopta prácticas como la de dormir juntos, en un chamizo, antes de un partido y, sobre todo, nada de practicar sexo las 24 horas antes del mismo. ´Mandero¨, que entre entrenamiento y entrenamiento es locutor de una radio comunitaria que emite en pigmeo y que puede adornar de música el entorno con una simple cuerda, promete dedicarnos su triunfo en el campeonato. Tras concluir el viaje por estos confines indómitos africanos, al calor y la confortabilidad de Occidente, uno se pregunta por la suerte de nuestro particular Brésil. No hay dudas, “campeonó”. ¿El resultado? 3 a 1…